Entonces llega la noche, no hay tiempo para reproches, yo no me pierdo esta noche, la vida se empieza a celebrar!

21/1/10

El cuento de la buena pipa.

“Hace muchos años vivía una chica en mi barrio que le decían Pipa. Le decían así porque ese era su apellido. Pero bueno su apodo no viene al caso.

La cuestión es que Pipa era una chica muy buena y muy bonita, pero tenía un problema: no sabía escuchar.

A Pipa le encantaba contar historias pero no le gustaba que nadie hiciera ningún comentario mientras ella hablaba. ... Leer más

Y aunque sus historias eran muy divertidas, sus amigos se empezaron a cansar de escucharla siempre y que ella no los escuchara.

Entonces todos sus amigos se juntaron y se fueron a ver a la bruja del barrio para hacerle una broma que le enseñara que debía escuchar a los demás.

Una de las chicas intentó advertirle lo que le iban a hacer, pero Pipa como siempre no escuchó.

Así que una mañana Pipa se despertó sin poder decir ni una sola palabra. Recién cuando su madre le dijo “Hola” pudo responderle con otro “Hola”.

Cuando se encontró con sus amigos, ellos empezaron a hablarle y ella sólo podía responderlo mismo que le habían dicho.

‘Parece que hoy no nos vas a contar ningún cuento’ le dijo uno de los chicos… y ella lo repitió.

‘¿Querés que te cuente el cuento de la Buena Pipa? Y Pipa lo repitió.

‘Pipa era una chica que no sabía escuchar.’ Y Pipa lo repitió.

‘Y sus amigos se cansaron de eso.’ Y Pipa lo repitió.

‘Y decidieron darle una lección… para que aprenda a escuchar.’ Y ella siguió repitiendo.

Esa noche Pipa lloró mucho y se arrepintió de no haber escuchado a sus amigos. Y como su arrepentimiento era sincero, el hechizo se rompió.

Pipa aprendió a escuchar y prometió contar su historia a toda aquel que no supiera escuchar.”

Luego de escuchar a la anciana atentamente le pregunté por qué no me la había contado antes. Y me dijo que con el tiempo la gente fue olvidando la verdadera historia y sobre todo la moraleja. Se olvidaron que era para enseñar a escuchar y la empezaron a usar para molestar.

“Supongo que a partir de ahora te vas a encargar de que esta historia vuelva a dejar la moraleja con la que nació…”.

“¡Ni loca! Por fin llegó mi turno de molestar a los más chicos como me molestaban a mí y no pienso perderme esa oportunidad por nada.”

Moraleja: La verdad no siempre es lo que queremos escuchar, y sin embargo no hay que dejar de buscarla, aunque después hagamos de cuenta que nunca nos la dijeron.

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